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 Anima I: Crónicas.

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Pain

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MensajeTema: Anima I: Crónicas.   Dom Oct 05, 2008 1:22 pm

Prólogo:

Todo este tocho que ira creciendo a la medida que se lleven a cabo las distintas sesiones de Anima, contendrá una base de un 80% de todo lo acontecido durante las sesiones.
¿Por qué 80%?
Es simple… porque es imposible recordar cada detalle o frase con exactitud, a veces se dará el caso de que añada algo u otras cosas desaparezcan, pero a grosso modo, lo ocurrido en sí es el resultado de vuestras acciones.

Sesión 1:

Muchas dudas y pocas verdades.

El día asomaba en el reino de Gard, donde el mayor acontecimiento sería dado en pleno palacio. El palacio se situaba justo en el centro de una enorme ciudad muy simétrica, estaba divida en cuatro zonas, usando el castillo como punto de intersección entre todas ellas.

Los edificios no eran muy glorificantes, ni mucho menos, iban a lo pragmático usando líneas y formas rectangulares en todas las estructuras, inclusive el palacio resultaba ser un conglomerado de líneas rectas que formaban una enorme estructura cuadricular.

Cada una de las cuatro secciones en las cuales quedaba dividida la ciudad estaba al mando de un capitán. La parte del Este quedaba a manos del capitán Xellos, un hombre fuerte y versado en las armas, tanto como en la capacidad crítica y la investigación, rubio y de ojos verdes, con una mirada seria y escudriñadora. Por otro lado, la parte menos importante, la del Oeste, quedaba a manos del capitán Arbadak, un hombre de mirada dispersa, pelo negro y tez pálida.

Ambos capitanes, se dirigían juntos a palacio, habían sido convocados por su majestad a una reunión de extreme urgencia.

La recepción, una sala larga con paredes de piedra apenas decorada con algún cuadro ególatra del mismo rey, fue recorrida por ambos capitanes hasta dar con la enorme puerta de madera negra que impedía el paso a la siguiente sala.

Xellos abrió la enorme puerta y entro seguido de su compañero. En el interior de la sala, podía verse al rey, en pijama aún, sentado preocupado al extremo de una mesa rectangular, acompañado de Cidolfus, alias Cid, un erudito-consejero e investigador, jefe y único miembro de un departamento de ciencias.

Xellos se arrodillo ante el rey, teniendo que reñir a su compañero Arbadak para que hiciese lo mismo. Al final alcanzo a decir –Su majestad nos ha llamado… y presto hemos venido ¿A qué debemos tal llamamiento?-

Con gesto dejado el rey incido a ambos capitanes a sentarse. En ese instante la puerta volvía a abrirse dando lugar al tercer capitán, el que controlaba la zona Norte. Su nombre era Caliath, siempre vestía con una enorme armadura y su portentoso casco de grandes cuernos.

Con su voz grave dijo -¿Y bien? ¿Qué demonios pasa?-

-¡Caliath mas respeto!- dijo con voz firme Xellos, el cual siempre había de recriminar el comportamiento tan “dejado” de Caliath, el cual siempre confrontaba con él. Por otro lado, Arbak, miraba el vacio con insistencia pasando de todos.

Los presentes jurarían que Caliath sonrió bajo su casco a la par que dijo -¿Vas a obligarme?-

Antes siquiera de recibir respuesta el rey dio un golpe seco en la mesa.
-Caliath siéntate… Xellos, tranquilícese, hoy las cosas no están para armar jaleo-

Xellos cayo en la cuenta de que faltaba un capitán, uno bastante bueno además, Sir Claudio de la zona sur. Entonces dubitativo y dado que Caliath no iba a sacar el tema y Arbadak estaba mas interesado en mirar el vació, pregunto -¿No deberíamos esperar a Claudio?-

La respuesta del rey, una respuesta de voz ahogada y tenue fue –No… me temo que nunca podremos volver a oírle hablar…-

-Si me disculpan- Interfirió Cid –Yo explicaré lo sucedido… hace días enviamos a Claudio a una misión, misión de la cual no ha vuelto, no les daré detalles porque forma parte de una de mis investigaciones… el caso es que no ha vuelto-

Las miradas empezaron a correr por la sala, exceptuando a Arbadak que mirase donde mirase, sólo vería vacío.

-¿Y qué con eso?- resoplo Caliath, el cual estaba de un humor pésimo. Ya era habitual que lo estuviese… y más a sabiendas de los últimos rumores los cuales no dejaban muy bien su vida matrimonial.

El rey suspiro –Pues que tememos que halla muerto y creo que alguno de vosotros debería investigar.-

Cid, esbozo una sonrisa. –Yo sin embargo, creo que será perder el tiempo, pues aquí viene una de las ultimas novedades, en una guardia, un soldado encontró un cadáver chamuscado, estoy realizando la autopsia y podría ser Claudio… quizá se durmió al lado de una fogata cerca de la ciudad y bueno… fue una muerte irónica-

Xellos al cual nunca le gusto Cid, no sabía porque, clamo para todos –Yo iré, majestad… dudo que alguien de tal valia muriese así porque así-

Arbadak miro a Xellos y este ultimo, mirándolo dijo –Y creo que Arbadak debería acompañarme-

El rey, sonrió levemente –Gracias… me quedaría mas tranquilo-
-Paparruchas- replico Cid.

Entonces Xellos, se levanto y dijo –Creo que a alguien no le agrada que investigue-

El rey volvió a dar un golpe en la mesa –Dejadlo… cada uno a lo suyo…-
Y así finalizaba la reunión.

El rey marchó a su cuarto, acompañado de Cid a la salida. En cuanto a Caliath refunfuñando se marcho a sus labores. Quedaban solos Arbadak y Xellos.

Xellos se rasco la nuca –Bien, Arbadak, en una hora nos veremos en la puerta de la ciudad…-

Arbadak con mirada ausente dijo por fin -¿Para qué?-
-Pues para la investigación- Replico Xellos.
Entonces para sorpresa de Xellos, Arbadak dijo -¿Qué investigación?-
Con los ojos como platos Xellos respondio –La de la muerte de Claudio, un capitán como tu-

Arbadak, por un instante hizo amago de decir algo inteligente pero tan sólo dijo –Es verdad… soy capitán.-

Con un suspiro Xellos decía despidiéndose –Bien, recuerda… en una hora-
Entonces se marchaba de allí, dejando a Arbadak sólo en la sala, el cual a los cuarenta segundos de la marcha de su compañero decía para si mismo -¿Qué tenia que hacer yo?-




Templo de los elementales

Mientras que Arbak, disperso como de costumbre miraba paredes o estancias del castillo, Xellos se encamino hacia su casa pasando por delante del templo elementalista, la religión oficial de los habitantes del reino.

La religión elementalista, una religión de la que poco se sabía de los orígenes, lo único cierto es que los monjes de la orden portaban un poder único que era conocido como la llamada de los Avatares. Los Avatares eran la representación de los varios Dioses que componían el Panteón, en principio los Dioses eran Seis:

Mezkiez, el iracundo señor ardiente; Gaxiran, la descorazonada de las profundidades; Radomus, el destructor de los mil vientos; Keleroth, el nacido de la grieta; Axiaria, la bondad que resplandece y Solóm, el aniquilador oscuro.

Estos seis eran venerados y reconocidos como “El panteón elemental”, pese a su importancia Xellos paso por delante sin fijarse apenas en la rustica iglesia, siendo desconocedor de que un aliado a tener en cuenta… estaba ahora mismo siendo honrado con un título que le otorgaría la potestad de usar un poder inigualable.

El joven Arc, un muchacho tímido de ojos verdes y cabello castaño, esperaba en el centro de la sala circular de fría piedra, atento a los lentos gestos del obispo Lázaro.

El obispo Lázaro tenía entorno a los cien años y su mayores defectos eran tanto su capacidad para quedarse dormido enseguida como la de olvidar cosas importantes.

-Emmm esto… Farc ¿no? ¿Qué te estaba diciendo?- Decía de golpe el anciano, flanqueado por dos consejeros, un varón y una mujer, ambos entrados en la edad de los cuarenta.
El hombre le susurró al oído antes siquiera de que Arc pudiese corregir al senil anciano.
-Ahh vale vale… hoy le dábamos el título de monje de la orden… bien bien ¿Y por qué?-

La mujer suspiro y dijo –Ha cumplimentado sus estudios de magia y teoría del elementalismo… debe hacer peregrinación-

El viejo enarco una ceja y dijo –Ah sí la peregrinación, aún recuerdo cuando…- entonces sus palabras quedaron ahogadas preocupando a los presentes ¿Había fallecido?
No… un ronquido dio a ver que evidentemente se había quedado frito de nuevo.

Tras unos toquecitos en el hombro se despertó para ver emborronadamente la figura de Arc aún en la espera de ser nombrada.

-Ainss ¿Qué hago aquí?- Decía el viejo desesperando a sus consejeros.
La mujer volvió a suspirar y dijo –Arc, ¿aceptas el compromiso que supone nuestra religión e iniciaras peregrinaje al santuario?-

El joven Arc asintió mientras replicaba –Sí… estoy… preparado-
Entonces el hombre se acerco dos pasos al vacilante joven, ofreciéndole un anillo a la par que le decía –Esto es un salvoconducto, con él podrás entrar al santuario, así como pedir en palacio el permiso necesario para salir de la ciudad… has de pedírselo a uno de los cuatro capitanes-

El joven Arc asintió de nuevo, hizo una reverencia y se marcho escuchando desde atrás la voz cascada del viejo diciendo –Farc Adi… zZZzzzZZZzzzZZZ-






. . .


Última edición por Pain el Dom Nov 16, 2008 8:51 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Anima I: Crónicas.   Dom Nov 16, 2008 8:51 pm

Pidiendo el salvoconducto

Tras un rato de camino, Arc llego a la puerta del palacio, no había tiempo que perder, la emoción de ser un monje cualificado le embargaba, al final consiguió llegar a la puerta del palacio, donde dos soldados aguardaban.

-Alto ¿Quién va?- Pregunto uno de los soldados a lo que el joven algo asustadizo, enseñando el anillo y realizando un cutre-saludo militar dijo –Soy un monje… ¡Señor! ¡Vengo a por un salvoconducto señor!-

Ambos se miraron y el que pregunto atisbo a decir –Hey esa petición tienes que hacérsela a un capitán, anda pasa…-

-¡Gracias señor!- Volvía a replicar Arc realizando un saludo militar que denotaba nerviosismo.

Las puertas de palacio se abrían para el joven monje, el cual pudo entrar a un lujoso vestíbulo de losetas blancas, paredes de piedra decoradas con algunos cuadros caros y tres puertas al fondo, sólo una de ellas estaba custodiada por un soldado de gruesa panza (gordo vaya...) y nariz enrojecida, así como ojos grandes y una cara que mostraba pocas ganas de trabajar.

El dubitativo Arc, se acerco a él, siendo este el único presente, supuso que era a quien debía pedir el salvoconducto.

-¿Es usted un capitán verdad? Vengo por un salvoconducto- Preguntaba el inocente joven.

El soldado, con los ojos llorosos, por recordar sus sueños frustrados de ascender dijo
–Me llamo Almiro… no puedo… darle el pase… no soy capitán-

Entonces una puerta, la de detrás de Almiro se abrió golpeándole en la espalda. Arbak, con su ropa oscura y expresión volátil hizo aparición.

-aucchh – se quejo Almiro girándose antes de decir –Ca-aapitán Arbak-
Entonces Almiro hizo un saludo militar, por lo cual Arc dedució que ese hombre sí era un verdadero capitán.

-¿Capitán? ¿Quien?- dijo Arbak mirando hacia una pared, como si esta tuviese algo de interesante.

-Esto... señor quiero un salvoconducto- se aventuro a decir Arc, a lo que Arbak replico sin girarse –Vale-

Arc se rasco la nuca al ver que el capitán no decía nada más y menos aún se movía.
-¿Y bien?-

-Bien- replico el capitán.

La situación era un poco extraña, entonces el soldado Almiro dijo –Bueno… entraré en busca de otro capitán-

-¡Gracias sargento!- Decía sonriendo Arc, agradecido de la amabilidad del pobre Almiro que no llegaba ni a cabo… el cual marcho en busca de otro capitán, con los ojos llorosos recordando de nuevo sus metas frustradas.

Entonces al cabo de un instante, la puerta se volvía a abrir, dando a ver a un hombre enlatado –A ver... soy el capitán Caliath…-
Sus ojos se posaron en un instante sobre Arc, pero pasaron a mirar al otro capitán
–Ehh ¿por qué este inútil no ha dado el salvo conducto?-

Arbak se giraba, dando a ver su inexpresiva cara -¿El qué?-
Mientras el pobre Arc miraba a ambos hombres, sin atreverse a decir nada más.

Caliath, un tanto enfadado (si es que había diferencia cuando no lo estaba) dijo
–Sí idiota, eres un capitán… puedes dar salvoconductos-

La expresión de Arbak ni se inmuto, pero el joven capitán en cambio si dijo –Ahhh es verdad, soy un capitán-

Caliath resoplo y miro al tímido Arc –Eh tú, toma esto… es el salvoconducto-
Le arrojo un pergamino y luego añadió –Coge por la puerta Este-
-¡Gracias señor!- Dijo Arc armándose de valor y dando media vuelta, tras hacer una reverencia. Iba a salir de camino a la puerta.

Entonces Arbak y Caliath quedaron solos.
-Eh… lerdo… No te quedes ahí… bah es inútil- Dándose por vencido Caliath volvió a dentro.

Al cabo de un rato, Arbak decidió ir a la sala de descanso, parándose a mirar las cosas que “no había”.




Encuentro

La casa de Xellos, una casa ni muy lujosa ni muy destartalada, algo dentro de los cánones normales. La casa de Xellos era ahora su pequeño lugar de descanso previo a un viaje, un viaje que intuía peligroso.

Por ello fue que cogío varias armas, llevo su mochila de víveres y otras cosas de interés y resoplo ante la expectativa de un largo viaje con su compañero Arbak, el cual ahora mismo, estaba sentado en la sala de descanso del palacio, mirando el vacio.

Xellos, termino de prepararse y cogio la mochila “bueno he quedado con Arbak en mi puerta... iré yendo, aunque sé que tardará un rato”

Xellos salió de casa, justo para ver lo de siempre, el fantasma de su vecino acosando a su señora. Xellos no poseía poderes especiales, como Arbak, pero en cambio sus ojos estaban dotados para ver lo fuera de lo común, lo sobrenatural… fue así desde chico.

Se quedo mirando un instante al difunto vecino que cogía y gritaba a voz viva
– ¡Guarra! ¡Me los pusiste con el herrero, con el panadero, el pescadero y hasta con el mozo que limpia botas! ¡Pero ahora el que me reiré soy yo! ¡Que se que el pescadero a pillado algo por culpa de una mujer poco sana! Jajaja-

Xellos no pudo evitar reírse ante la cómica situación y aprendió una lección, no te rías de las vergüenzas ajenas, pues el fantasma le vio y dijo –Tskk mira el tontaina de mi vecino, se rie sólo… si es como dicen por ahí, le hace falta una mujer-

El palo le corto la risa a Xellos, que trago saliva, maldijo entre dientes y se marcho hacia la puerta.

Por otro lado en palacio, Arbak seguía mirando la nada, entonces dos de sus hombres aparecieron –Esto… capitán… hemos oído que Lord Xellos le esperaría en su puerta para viajar… ¿Qué hace aquí?- Pregunto uno de ellos.

-¿Ah sí? Pues entonces voy- dijo Arbak levantándose y comenzando a caminar hacia fuera. El otro soldado, le arrojo una mochila que Arbak cogío en el aire sin inmutarse. Al fin y al cabo... eran sus hombres y conocian a su capitán al cual admiraban pese a su extraña manía de no importarle nada.

Y así los tres se dirigian a la misma salida:

Arc caminaba hacia la puerta Este, desconocedor de que Xellos también iría para allá, este ultimo “creedor” de que Arbak iría al punto de encuentro y en cuanto a Arbak… Ni los Dioses sabían que haría a continuación, pero sí sabían que estas tres personas, tendrían su encuentro…


-- Salida.
-- Maldad oculta.
// Fin de sesion \\
-LLegada al templo
-El ladrón
-entrada y oficio
-no sois los únicos- despejando dudas
-Salida del templo
-La tragedia
//Fin de sesion\\
-llegada a la playa
-Kon-baba?
-Nueva ciudad
-el miron!
-concidencias
-Mucho jaleo y los problemas crecen
//Fin de sesión\\
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MensajeTema: Re: Anima I: Crónicas.   Mar Nov 25, 2008 5:28 pm

lo ley antes de que se me fuera internet, (ace 1 semana o maas ya) y todavia sigues sin completarlo ToT
yo me kedo con la duda... que les paso? se encontraran a un ladron? *-* XDD

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